Este blog, en un principio, fue creado desde mi necesidad por la poesía, las primeras entradas fueron sobre poetas bastante reconocidos, pero me he replanteado el camino del mismo. Ahora quiero reunir testimonios de poetas menos conocidos, y que viven en nuestro tiempo y entre nosotros, también quiero compartir en este espacio los escritos de mi autoría, acompañados por una descripción del cómo surgieron.
Para comenzar, y mientras encuentro a los poetas, les dejo el siguiente texto de mi autoría.
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Hace algunos meses, cansada de que mi pluma escribiera sólo con tinta de nostalgia, de amor o desamor, empapé la pluma en otro tintero para intentar crear algo “diferente”; inspirada por la naturaleza, hojeé el libro del poeta veracruzano José Luis Rivas, Tierra Nativa, libro por el cual el poeta fue homenajeado con el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer en 1982, del cual retomo los siguientes versos:
“¡Ah esos árboles del monte
que parecen medusas ateridas! (…)
¡Oh noches de invernada
ofrendándose en la canción que a veces exhalan los
pantanos
mientras las nubes,
cual un enorme mazacuate,
primero fijan en su vaharada al gato de la luna
y luego lo constriñen
entre sus anillos de bruma!
La ráfaga desnuda ahora a los árboles de la palabra
melancolía…
¡Oh deliciosa plegaria de los montes! (…)”
José Luis Rivas
Inspirada, por éstas y otras líneas, miré hacia mi ventana, busqué en las macetas y no hallé fuente de inspiración, de pronto posé la mirada sobre el árbol de aguacate que se encuentra en mi patio. Pensé: probablemente no somos de la misma especia, él es un Persea Americana. Tal vez no he logrado descifrar del todo su lenguaje, pero comencé a hablarle, nos comunicamos por señas y con ayuda del aire, al principio fue difícil, tres minutos después, acepté necesitar ayuda psicológica, pero a fin de cuentas, algo resultó de aquella conversación que sostuvimos. El poema que a continuación presento, es el resultado de aquella charla, es su sentir. Es preciso que aclare; lo que al inicio pretendí: “escribir con otra tinta”, no lo he logrado, pues no hay verso que no esté lleno de nostalgia, más el aprendizaje logrado es: descubrí que hablar en tercera persona, y por qué no, hablar en árbol, es eficaz para no sentirse delatada.
Árbol
Árbol que al llegar la tarde
el ensueño desperezas,
lluvia fina de rarezas,
de tus hojas son alarde.
Al boscaje de cemento
tu mirar se ha condenado,
y tus raíces han clavado
a este suelo de lamento .
Yo te he observado aferrarte
a tantas aves que al vuelo,
se desprenden de tu velo
y se alejan sin mirarte.
No le llores más al viento
y no trates de amarrarte,
que el otoño ha de encontrarte
ya sin hojas; sin aliento.
Ilse García
Para terminar les dejo el siguiente video, de la canción Roble, de Los fabulosos cadillacs, y aunque no hablamos del mismo árbol, cada vez que miro en mi patio al árbol de aguacate, esta canción comienza a sonar en mis recuerdos...
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