viernes, 25 de mayo de 2012

Obsesión

Trastorno compulsivo. La obsesión y la voz de Bunbury 


El asedio de una idea en tu cabeza. La repetición constante de una conducta.  De un nombre, de una emoción. Qué difícil es deshacerse de algo que se desea constantemente, que se idolatra.
Hay obsesivos compulsivos, para quienes lavarse las manos en varias ocasiones, nunca es suficiente. Hay también fanáticos de todo tipo, a la religión, al fútbol, al rock and roll. Hay adicciones; al cigarro, al alcohol, al trabajo, o cualquier otra conducta que no podamos dejar de hacer y rehacer. 
Pero con los sentimientos, con la alegría y la tristeza, uno puede desarrollar muchas conductas obsesivas, fanáticas y adictivas. Más si es por alegría, que el cuerpo nos encuentre descansados, porque los sentimientos harán de todo en nuestro cuerpo. 
Hay que tener cuidado si conductas obsesivas, provienen de la tristeza, porque el olvido se resiste, y entonces no importa si el cuerpo está descansado, o al borde del colapso, pues la nostalgia hará lo que guste, sin objeción alguna.
Es el clímax de esta emoción, lo que a continuación escribo, el alivio de una ansiedad que constantemente asechaba mi mente. 
Comparto estas palabras por si alguien se siente identificado, porque hoy nada queda de esa sensación. Escribiendo, sólo así se va lo que del cuerpo antes ya se ha apoderado. 




Obsesión
En tus ojos comienza;
ilusión de cada beso que no das.
En tus piernas termina; amor que ahogas
y rehaces en mis sueños.

En las quimeras te encuentro;
luz de mis días para no vislumbrar
la sombría realidad.

Eres un retrato en mi memoria.
He aprendido tu rostro
más que mis propias manos,
como un sendero a casa
que sigo con los ojos cerrados.

Que aunque me perdiera
por las calles frívolas de la cotidianeidad,
podría regresar con sólo
cerrar los ojos y desearte.

Mis manos; han creado
cientos de formas de tocarte,
pero siempre es un sueño.
Y aunque el mundo entero,
no comprenda mi locura,
quiero soñarte eternamente.
Atarme con tus manos
y en tu alma valerme
del sólido recuerdo.


Ilse García 

Y para terminar, les comparto la siguiente canción, buen acompañamiento cuando uno quiere seguir alimentado la conducta obsesiva.  


Y al sentir
que me quema esta ansiedad febril 
con el alma en los labios
te vuelvo a decir:

Si tú me quisieras 
como yo te quiero
por toda la vida
no habría de quedar amor
para nadie
en el mundo entero
ni sobre la tierra
ni abajo del mar.


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