A veces la inspiración proviene de lo más (i)lógico, como el desamor, la nostalgia y las ganas de olvidar. Pero qué hacer cuando uno se siente como para tirarse al suelo y al parecer la alegría nos persigue y nos acosa, y sólo nos enseña algunas de sus artes para envidiarla, para desearla y se aleja burlándose de nuestra tristeza.
En uno de estos momentos, me encontré con el siguiente poema:
La droga del amor
tiene sobre las otras la ventaja
de que con ella es mágico
enviciarse...
Mario Benedetti
Este poema me hizo reflexionar sobre la abstinencia a esta droga...
Es cierto que el amor es una droga,
el desamor es la adicción,
el olvido la abstinencia.
Hoy me encuentro frente a él,
no sé qué decirle, no lo miro,
sólo escucho, tiemblo.
Él quiere persuadirme,
pero entre mis manos aferro el recuerdo.
Qué más me da que me mire
que sienta lástima.
Yo aún no quiero irme
del prohibido edén del pasado.
Yo no sé pensar de otra forma,
yo sólo sé hablar con las letras
de tu nombre…
Mírame…
Átame al Recuerdo que tu
Corazón
Omnipotente
nos Salve
del olvido.
Y el resultado de esta reflexión lo encuentro en la siguiente canción. Paté de Fuá canta, El tren de la alegría...
Viejo tren de la alegría
sólo te miro pasar
poco sé de fantasía
nada de felicidad.
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